lunes, 4 de julio de 2011

Libro recomendado por Damián Lagos: Notas de cocina de Leonardo da Vinci


Damián Lagos, Viedma

En un futuro no muy lejano, Dan Brown descubrirá claves ocultas en los diseños de los inventos de Leonardo que figuran en este libro, para que las generaciones futuras, sedientas de asombro, se maravillen una vez más con el genio renacentista. Yo me conformo con tenerlo en mis manos –gracias a un préstamo- y disfrutar de su conjunto.
El libro cuenta con varias introducciones y una crónica sobre el tiempo al que refieren estas notas. El escenario espacio temporal es la provincia de Milán entre 1481 y 1500, y en ese tiempo Leonardo es jefe de cocina del gobernador Ludovico Sforza.
Las recetas son, muchas de ellas, imposibles de realizar ya que muchos de los ingredientes están dispersos en nuestra cocina actual. Eso es lo de menos. Lo subyacente es el genio de Leonardo, su preocupación sobre inventar aquello que no existe, ya no a causa de la belleza ni en pro de ella, sino muchas veces por la fealdad de su entorno o lo rudimentario de su tiempo. Como alguien que observa y sólo encuentra un caos medieval (el detalle de atar conejos a las sillas de los invitados para que éstos se limpien las manos en la piel mullida lo espanta hasta el punto de inventar la servilleta), parece más preocupado por corregir ese presente que por una trascendencia estética. En este punto es interesante reencontrarse con esta antigua perspectiva de un artista: un artesano, un sujeto que se vale de su habilidad y conocimientos para construir, esculpir, pintar, razonar, sin auras encima como introduciría el romanticismo tiempo después, y que aún por estos días se siga sufriendo a ese artista elevado e iluminado que insiste en abrir su interior tormentoso.
Es un libro que nos invita al humor desde la distancia de aquellos tiempos. Una máquina para rebanar puerros que en el día de su prueba mata a más de seis personas, y que luego se la utiliza para defenderse de los invasores franceses, es una comedia negra de la que quisiéramos saber en detalle. Como así el caos de la cocina de Leonardo, cuando sus máquinas fallaban o perdían el control. No nos deja de sorprender saber la cantidad de inventos que pensó y que muchos continúan vigentes, seguramente por mano y perfeccionamiento de otros, como la máquina para hacer espaguetis, el sistema de apagado de incendio mediante lluvia artificial, el tenedor de tres puntas, detalles en los que un artista se detenía, muchas veces para evitar pintar retratos o murales religiosos. En fin, para darse un gusto.

2 comentarios:

  1. El comentario sobre el fraudulento libro de cocina de Da Vinci es la palmaria demostración de que nadie lee los prólogos. Este mal hábito, entre otras cosas, deja al descubierto la ingenuidad de algún comentarista que intenta pasar a la historia con sus reflexiones y patina. Aconsejo a la comentarista que lea el prólogo; allí dice con toda claridad que se trata de un juego literario al que acompañaron con ilustraciones similares a las propias de Leonardo. Creo que es sabiendo esto que el libro puede ser disfrutado, porque es muy notorio que se trata de una falacia que, por suerte, es anticipada con claridad por el autor.

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    1. la reseña opera sobre el cuerpo principal del libro, también sobre el paratexto, el libro ofrecido al mundo como las notas de leonardo da vinci. su carácter aparentemente fraudulento pertenece a otra disciplina. una reseña presenta un libro existente, al margen de su contenido. es una forma de leer el omitir las dudas que expresa el prólogo, una posición que el autor de la reseña toma a la hora de elegir entre lo 'verdadero' y lo apócrifo. la opción del autor de la reseña vira hacia lo apócrifo, entra en el juego de dar todo por cierto, ya que un texto por el solo hecho de ser escrito ya es verdadero. qué libro podría contener algo no fraudulento en su elaboración? el prólogo al lado del resto del libro es una nimiedad, a lo sumo es el adelanto o la facilitación de una clave de lectura, la que los señores razonables parecen optar para continuar en su vida sin sobresaltos. proponer una lectura ilusionada, sobre todo a la hora de hablar de da vinci, es y sigue siendo preferible a los espíritus inquietos.

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